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domingo, 12 de junio de 2016

Las cinchadas con caballos no se denuncian por temor a represalias

En Rosario hay sólo una causa judicializada por las dificultades para conseguir pruebas. Preocupación por el maltrato animal.

Artículo de Lucía Demarchi, tomado de La Capital


Secuestrado. Uno de los animales que participaba en una competencia.

Dos carros atados entre sí. En el extremo de cada uno de ellos, un caballo que tirará en el sentido contrario al otro. Es una competencia, donde hay apuestas clandestinas y gritos de aliento. Los equinos reciben drogas y son picaneados para que apliquen más fuerza en el tironeo. Gana el caballo que consigue arrastrar al otro. Esta práctica es conocida con el nombre de cinchada y, como cualquier acto de maltrato animal, es penada por la ley Sarmiento con hasta un año de prisión en suspenso. En Rosario hay sólo una causa judicializada debido a las dificultades que conlleva recolectar las pruebas necesarias para el desarrollo de la acusación. "Las personas no denuncian por temor a represalias y por lo mismo es difícil conseguir testigos", explicó la titular de la Oficina Fiscal de Maltrato Animal, Marina Pieretti.

"El problema con las cinchadas es que por detrás muchas veces hay organizaciones delictivas", explica Pieretti. Y esta situación genera miedo tanto en las personas que quieren denunciar —deben hacerlo dando su nombre y apellido— o en las que son testigos que, al ser consultadas por los investigadores, prefieren no hablar.

Según sostienen distintas organizaciones protectoras de animales, las cinchadas son muy comunes en los barrios más alejados de Rosario. Mencionan varios, y destacan dos a los que definen como los sitios tradicionales, entre comillas: La Lagunita y la zona del Mercado de Concentración de Fisherton. Es justamente en esta última zona donde se registró la única cinchada judicializada desde que comenzó a funcionar el nuevo Código Procesal Penal.

Entre fines de febrero y mediados de marzo de 2015, luego de recibir la denuncia de una persona que vive en el barrio, la Oficina de Maltrato Animal realizó dos allanamientos durante los cuales consiguió frenar dos cinchadas. Fue en Berenheim al 9100 donde, de acuerdo con la denuncia, se realizaban cinchadas todos los sábados a la tardecita, sobre todo en verano. En el lugar se secuestraron 9 caballos y se detuvo a 7 personas.

"Cuando hacés un operativo por una cinchada tenés que llegar cuando está ocurriendo. Si llegás antes, el animal está en perfectas condiciones. Si llegás tarde, el animal puede estar muerto. Hay que llegar en el momento justo", consideró Pieretti. Y luego, conseguir testigos del hecho no es tarea fácil.

De acuerdo con la fiscal, cuando reciben la información del lugar y el momento en que se desarrollan las cinchadas se organizan operativos cerrojo que son llevados adelante por el personal de Cuerpo Guardia de Infantería (CGI). Cuando se asegura el perímetro, la fiscal se presenta con personal de la Brigada de Perros y Caballería de la URII, que son diestros en el manejo de equinos; y con un veterinario para constatar el estado de los animales. "El médico verifica si los caballos están sudados o heridos, que es lo que determina que participaron un una cinchada. A estos animales por lo general se les encuentran estupefacientes en el cuerpo y marcas de picanas y quemaduras, que es lo que utilizan para que tiren con más fuerza", detalló Pieretti.
Rotación. Rosalía Aurascoff, que desde hace 30 años forma parte de la asociación Encuentro Proteccionista Dian Fossey, explicó que hay pocos casos judicializados porque no se sabe el día y el horario en que se van a realizar las cinchadas. "Van rotando por distintos lugares", dijo.

Para la proteccionista, es imperioso que se permita a las personas realizar denuncias de manera anónima, porque la gente que quiere denunciar no lo hace por temor. Además, reclamó que aún no se haya puesto en funcionamiento el 0800 que permite denunciar maltratos animales, creado por una ordenanza que se sancionó en julio de 2015.

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