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domingo, 5 de junio de 2016

EEUU busca controlar la población de caballos salvajes

Los caballos salvajes del oeste de Estados Unidos representan el desafío de mantener el equilibrio entre el medio ambiente y una especie no nativa, a la vez que plantea una oportunidad de colaboración entre las autoridades y la comunidad civil.

Tomado de El Día



Denver, (EE.UU.), EFE.- "Trabajamos para mantener una población saludable de caballos salvajes en las tierras públicas, a la vez que nos aseguramos que los pastizales en los que viven se mantengan productivos y saludables", explicó a Efe Courtney Whiteman, de la Oficina de Administración de Tierras (BLM, en inglés) de Colorado.

El BLM, una dependencia del Departamento del Interior de EEUU, estima que en la actualidad hay unos 55.000 caballos salvajes en diez estados del oeste de Estados Unidos, con 31.000 de ellos en Nevada, seguido por Wyoming (6.500), Utah (5.400), California (5.000), Oregón (3.800), Colorado (1.500) y, en cifras menores, Arizona, Idaho, Montana y Nuevo México.

A esos caballos se le suman casi 12.000 burros salvajes en esos estados, lo que lleva a una población total de casi 68.000 entre las dos especies, un 15 % más que en 2015 y, en especial, unos 40.000 animales por encima de lo que el BLM considera como "el nivel de control apropiado".

La proliferación de estos animales, descendientes de los equinos traídos por los españoles a América y que se hallan amparados por leyes de protección federal, conlleva la necesidad de encontrar soluciones a un problema que se origina por la presencia de una especie animal no nativa en el entorno natural del medio oeste, como señaló Whiteman.

La funcionaria agregó que entre esas soluciones se contemplan la adopción de caballos y la contratación de reclusos para que cuiden a los animales, aunque ambas resultan insuficientes y por ende el problema se vuelve cada vez más complejo.

En décadas pasadas, la población de equinos salvajes creció a tal nivel que en 1971 el Congreso de EEUU aprobó la Ley de Caballos y Burros Salvajes, con el fin de controlar la presencia de esos animales en tierras federales y que a la vez obliga al BLM a cuidar a los equinos.

"Para mantener el equilibrio ecológico, vigilamos el control de natalidad para regular la población", señaló Whiteman.

En el año fiscal 2013, el BLM aplicó el uso de anticonceptivos a 509 yeguas, cifra inferior a las 1.051 yeguas del año anterior, e ínfima comparada con el tamaño de las caballadas.

Whiteman agregó que si la población de caballos excede la capacidad de las millones de hectáreas federales en la que pastorean los animales son alojados en instalaciones temporales "con el propósito de encontrarles un hogar permanente por medio de la adopción".

En la actualidad, en el sur de Colorado el BLM ofrece unos 1.000 caballos y burros en adopción, cuyo costo oscila entre 125 y 1.000 dólares, dependiendo si el animal está domado o no.

De acuerdo a la funcionaria, sólo unos pocos cientos de caballos salvajes son adoptados cada año lo que no permite reducir los miles de excedentes.

De acuerdo a Monica Mohr, de la oficina de BML en Royal Gorge, al sur de Denver, voluntarios de numerosas organizaciones no lucrativas y grupos cívicos colaboran con BLM, institución que también trabaja con presos de cinco cárceles que cuidan y entrenan a los caballos salvajes.

"Los reclusos alimentan a los animales y proveen extenso entrenamiento a caballos seleccionados como parte del proceso de rehabilitación de esos reclusos", puntualizó Whiteman.

"Beneficia a los presos porque les da una experiencia laboral significativa que pueden usar tras quedar en libertad. Y obviamente beneficia a los animales, porque un caballo o un burro entrenado tiene más posibilidades de ser adoptado", agregó.

Según registros históricos, los caballos salvajes fueron traídos al oeste de EEUU por los primeros exploradores españoles que llegaron a la región a finales del siglo XVI.

Los equinos salvajes actuales son mayormente descendientes de aquellos traídos por los españoles, según demuestran varios análisis genéticos, y descienden también de caballos liberados por sus dueños durante la gran depresión económica en la década de 1930.

Fue a partir de esa década que se inició un crecimiento de la población de equinos, que no tienen predadores naturales y las manadas y recuas pueden duplicarse en unos cuatro años, por lo cual el BLM tiene que sacar cada año a miles de animales para controlar la población en las tierras federales.

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