En algún lugar bajo la lluvia siempre habrá un perro abandonado que me impedirá ser feliz. Jean Anouilh
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lunes, 16 de noviembre de 2015

Una protectora de animales en casa

La finca de Chelo Melero es el refugio de lujo de seis perros y tres gatos abandonados, que ella misma recogió maltrechos y los sacó adelante.

Artícculo de Elena Larriba, tomado de La Voz de Galicia.es


Foto: Ramón Leiro.

Su pasión por los animales le puede. Tanto que ha convertido su casa de Xeve en un refugio de animales abandonados. Tiene seis perros y tres gatos, la mayoría hembras, que llamaron a su puerta o ella misma fue recogiendo por el camino. Todos llegaron en unas condiciones lamentables y consiguió, con mucho esfuerzo, sacarlos adelante.

Frida, la jefa de la manada, es coja y fue a la primera que acogió. «Apareció delante de casa y la llevé directamente al veterinario -como hago con todos antes de darles cobijo-. Me dijeron que padecía una enfermedad parasitaria grave y que no sobreviviría, pero ahí está después de diez años». Es una perra de caza y supone que fue abandonada por su dueño al finalizar la temporada.

Wilma «es la más fuerte», aunque padece una alergia en la piel. Doli, «la más pupas», lleva tres operaciones de urgencia, es atópica, tiene dos hernias discales y cuando llueve le pone botas porque se le irritan las patas. Jana, una mezcla de pastor alemán, está sana, igual que Coco. Este último era de un vecino, pero se fue arrimando a su casa «y se ve que le gustó, porque acabó quedándose». Y Johnny Winter, así bautizado en honor de la estrella del rock, es albino, sordo y casi ciego, además de padecer las secuelas de una rotura de mandíbula.

Los felinos no están mucho mejor. Marina sufre del riñón. Elsa tiene un problema neurológico. Y los males de Blas, que también pasó lo suyo, se reducen ahora a frecuentes conjuntivitis.

«Pero aun así, no los cambio por nada, porque me dan una alegría increíble», proclama su dueña después de las presentaciones. Algunos precisan piensos especiales y casi todos siguen tratamientos veterinarios, con visitas periódicas a la Clínica Darwin. «Fátima y Roi son dos veterinarios excelentes y me tratan de maravilla, como si fuera una protectora de animales».

La pasión de Chelo Melero por las mascotas le viene desde niña. «En casa siempre hubo perros o gatos, pero, claro, vivíamos en un piso, y yo siempre tuve clarísimo que cuando pudiera me compraría una finca para poder tener más animales. Lo que no sabía es que iban a ser tantos», resopla.

El caso es que no son solo los que ella acoge, sino también los que va colocando en otras casas, como la de su amiga y vecina Marieta, que comparte su pasión por los animales. «Entre las dos colocamos unos ocho al año través de Facebook y llamando a amigos para que se los queden, porque nosotras ya no podemos tener más».

También lo intentan con las protectoras de animales, «pero entiendo que están desbordadas y saturadas y no me puedan echar una mano». Por ello, reivindica «más ayudas a estas asociaciones y más refugios, más apadrinamientos y más adopciones, porque lamentablemente el abandono de perros sigue aumentando».

Consuelo no concibe la vida sin estar rodeada de bichos y parece que atrae a los más maltrechos. «?!Tíranchos aí porque saben que os recolles!?, me dicen mis vecinas». Y algo de razón deben tener.

Reconoce que sus perros y gatos viven de lujo. Ella no tanto, porque le dan mucho trabajo y le suponen un gasto que no baja de entre 150 y 200 euros al mes.

Cada uno tiene su cuna. Unos duermen dentro de casa y otros fuera por voluntad propia, en el porche o en el garaje. Cenan a cuerpo de rey - pienso con arroz, paté de jabugo o atún- y todos los días los saca a dar un paseo por los alrededores, ahorrándose más de una deposición en la finca. Una vez a la semana o cada dos toca baño, según los problemas de cada uno. Y a eso hay que añadirle la colada semanal de las fundas de las cunas y otros cuidados.

Además de limpios como un jaspe, los tiene supereducados. «Aprendí mucho con El Encantador de Perros, no me pierdo un programa, y también veo Veterinario al rescate». Basta un «¡hey!» de Chelo para que toda la manada obedezca al momento. «Ni una peleíta, al contrario, se protegen entre ellos, y cuando llega uno nuevo se adapta rápido al comportamiento de los demás».

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