En algún lugar bajo la lluvia siempre habrá un perro abandonado que me impedirá ser feliz. Jean Anouilh
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lunes, 5 de octubre de 2015

Liliana Ossa: el hada de los animales revela todos sus secretos

¿Qué ha aprendido usted de los animales? A tenerlos por encima de la especie humana, por el hastío que tengo por la especie humana, obviamente con algunas poquitas excepciones

Entrevista de Meryt Montiel Lugo, tomado de El País.com.co

Liliana Ossa, fundadora de Paz Animal.
Foto: Hroy Chávez | El País

Cuarenta de sus 65 años de vida Liliana Ossa Zamorano los ha dedicado a la lucha frontal por defender a esos animales de los que hoy se considera “esclava”. Como lo asegura en el contestador de su teléfono.

Su dedicación es absoluta. No solo en Paz Animal, la fundación que creó hace 20 años, ni en el albergue de la entidad localizado  a 40 minutos de Cali, hacia el Kilómetro 27 a la Vía al Mar,  donde hoy son atendidos 500 animales.

También es esclava en su propio hogar.  Después de 5:00 p.m. no sale a ninguna parte a menos que deje a alguien al cuidado de  sus hijos: sus perros León María Lozano, Olivia, Newton John, Astro y Lulú. Y su enorme gato Tripa, “pues, si no, ellos desbaratan todo porque les hago falta. Soy una esclava de ellos, pero con amor, es una esclavitud que me satisface ya que la he adquirido con afecto. Mi vida está dedicada a los animales desde muy chiquita”.

El País visitó  en su pequeño apartamento a esta caleña que se opuso por mucho tiempo a la cabalgata;  la que aún protesta por las corridas de toros; que participa en plantones por las causas animalistas y ecológicas. E incluso, que ha sido amenazada de muerte por defender el albergue de 17 hectáreas que le fue entregado por la Dirección Nacional de Estupefacientes para que velara por los animales maltrechos de la región.

¿Qué ha aprendido usted de los animales?

A tenerlos por encima de la especie humana, por el hastío que tengo por la especie humana, obviamente con algunas poquitas excepciones.

Suena duro eso para los humanos...

Sí, pero como yo no tengo género. Yo no soy hombre ni mujer, como el género es una construcción cultural yo no tengo género. Con los humanos me siento totalmente indiferente porque no soy de esa especie.

¿Con las  características de qué animal se identifica?

Tengo características de una rata porque mi vitalidad existencial es el desasosiego, el terror, el pánico. Por eso me identifico  con una rata, que la considero  como una hermana. Aparte de que el genoma de la rata es parecido al de los humanos.

¿En qué paró el lío con sus vecinos de Paz Animal que se quejaban de la bulla de los perros, de malos olores, de gatos pasándose a sus tejados?

Pues siguen, porque hay gente que nos odia. Eso nunca va a terminar.

Querían incluso que la sede de la Fundación se fuera del barrio (San Antonio)...

Este caserón es nuestro. Pero eso fue en 2008 cuando el asistente de un concejal de Cali,  que vivía acá a la vuelta,  odiaba a los veterinarios y pasaba borracho y molestaba. Es que la gente prefiere tener de vecino un prostíbulo que una organización que atienda a un animal. Es de ese tamaño.

¿Cuál ha sido la pelea más dura que ha tenido que dar por defender a los animales?

La pelea más dura ha sido contra el Estado. Llevo años boxeando con el Estado, boxeando con bandidos civiles y con funcionarios corruptos que han querido este predio (el albergue de la Vía al Mar).  Lo tengo hace 16 años y allí me voy a quedar y nadie nos va a sacar porque los animales tienen que tener un hogar y si el predio es producto del narcotráfico (era un terreno de Gilberto Rodríguez Orejuela) entonces que se quede para los animales... Nosotros hemos custodiado 17 hectáreas, de las que ocho son de puro bosque. Tenemos convenios con la Universidad del Valle y una cantidad de organizaciones, incluso internacionales, que vienen al predio a mirar mariposas, aves, de todo. Entonces yo no se lo pienso entregar nunca  al Estado, si es que lo público es de todos.

¿Cómo le han llegado las amenazas de muerte?

Antes eran por sufragio, como ya eso no se usa, ahora las hacen por teléfono. Pero no solo me han amenazado a mí, también al director de la fundación, Julián Alzate. Él me ha visto tan afanada que ha tomado el manejo del albergue para que yo descanse porque son 20 años luchando, luchando, llamando a políticos, ministros, hasta que ya dijimos, de aquí no nos saca nadie.

¿Ha querido algún día tirar la toalla?

Sí, todos los días la quiero tirar,  pero todos los días me toca recogerla porque nadie la va a recoger.

¿Si estuviera en sus manos qué castigo le impondría a abusadores sexuales de animales como la conejita y la perrita que llegaron a la Fundación?

Considero que para esos casos debe haber cadena perpetua o que se les fusile. La sociedad no sabe que con este pensamiento que yo tengo existen millones en el mundo.

¿Alguna anécdota con los ganaderos de toros de lidia? Ellos no la deben querer ni poquito...

Por supuesto. Una vez me invitaron al programa Rostros y Rastros de Univalle para un debate sobre las corridas de toro. Yo las atacaba y la hija de Ernesto González, María del Mar González, las defendía. Yo dije que los animales pensaban y la señora sicóloga se burló de mí en vivo y en directo. Al otro día yo estaba demandada por Asobravo. Fíjese, ellos son los bravos, los animales no. Me demandaron por calumnia e injuria. En ese entonces Piñacué estaba en el Congreso, yo no sé cómo logró comunicarse conmigo, pues yo no lo conocía y me consiguió un abogado. Así que eso no pasó a mayores.

¿Y la demanda  que usted instauró por las carreras de gatos en Tuluá?

Eso fue hace como tres años: amarraban a los gaticos y les ponían cohetes, pólvora, para que salieran corriendo y no ha pasado nada, nada. Es que aquí no progresa nada que tenga que ver con la causa de los animales.

¿Aún tiene fuerzas para participar en plantones?

Claro, el 18 de octubre  me voy para Bogotá para protestar contra las corridas de toros.




Liliana puede dormir arrunchada toda la noche con sus perros y gatos. Ya firmó para que en caso tal, le apliquen la eutanasia a ella y a los animales de compañía que le sobrevivan.<br>Foto: Especial para El País
Liliana puede dormir arrunchada toda la noche con sus perros y gatos. Ya firmó para que en caso tal, le apliquen la eutanasia a ella y a los animales de compañía que le sobrevivan.
Foto: Especial para El País

¿Cuál closet?

La han tildado de lesbiana y se ha rumorado de ella que nunca ha querido salir del clóset para defender su orientación sexual. La fundadora de Paz Animal,  Liliana Ossa Zamorano, entre irónica y risueña argumenta que no tiene que salir de ningún clóset porque “nunca he estado en alguno”.

“A mí me han calificado de lesbiana, pero no me molesta para nada, porque he tenido relaciones bellísimas con mujeres, pero también  con hombres”, asegura la filósofa.

Esta mujer, que desde muy “peladita”, a los 20, ya estaba inmersa en la vida cultural y bohemia de los artistas, en los festivales de arte organizados por Fanny Mikey,  que salía con los nadaístas, revela que de los 35 años en adelante tuvo relaciones  con mujeres, pero donde no primaba la sexualidad. Porque, asegura, tiene una disfunción. “Me la explicó muy bien mi psiquiatra, en el sentido de que yo me niego el goce genital por la tragedia que ellos viven” (y señala los animales que la rodean mientras da la entrevista a El País).

“Es una cosa dicotómica muy compleja, agrega, eso lo entiende es un profesional. Una vieja pendeja en la calle dirá ‘esta vieja loca maricona’, porque la gente es brutísima. Pero no. Yo las relaciones que he tenido de los 35 para acá han sido con mujeres  porque me han parecido más interesantes, también por solidaridad de género. Y por otra cosa: porque todo acto sexual es político... Obviamente, yo prefiero darle un beso en la boca a la doctora Piedad Córdoba que a Álvaro Uribe”, dice entre risas.

Atea, no comunista, pero contestataria con grandes valores como ella dice, pues  es “más derecha que Pinochet para unas cosas, pero para otras muy libertaria”, Liliana Ossa confiesa que sus relaciones con mujeres han sido  más afectivas, de admiración intelectual, de palabra, no tanto de irse a la cama, porque el enamoramiento platónico es más bello. “Es que yo no he sido una mujer genital”, precisa.




Una chucha fue su animal de compañía por varios años.<br>Foto: Especial para El País
Una chucha fue su animal de compañía
por varios años.














Hace 20 años, agrega, no tiene una compañera especial, “porque no puedo con las relaciones humanas”. Su entrega a la protección de los animales le provocaba choques con sus parejas. “Todo el mundo me dejaba por eso”. 

“Con la última compañera que tuve, una artista plástica muy importante en Colombia, que se había separado de un médico famoso, vivíamos en un apartamento alquilado. Como teníamos piscina, rescaté una tortuga inmensa que debía ser llevada a Buenaventura, pero yo acondicioné el agua de la piscina con químicos y sal para salvarla. Un día mi compañera me dijo, ‘Estoy aburrida, aquí solo hay espacio para tus animales’ y yo le contesté, ‘Pero  tu espacio es para tu hijo, que todo el día toca la guitarra y  ya yo estoy jarta de oírlo’. Esas eran las discordias. Pero he  tenido mujeres que  he amado y me han amado mucho”, comenta Liliana, que evoca  a las mujeres de las que se enamoró de niña: Chavela Vargas, María Félix, Celia Cruz y Sarita Montiel”.

Dura infancia

No se maquilla porque, dice entre carcajadas, “después parezco un travesti”. Tampoco se pinta las uñas. No  usa tacones puntillas. Ni nada elaborado con cuero de animal.  No compra ropa. Las camisetas y jeanes  que acostumbra vestir se los regalan sus amigas.  Lo único que usa de marca son los tenis. Puede invertirles hasta US$150. En su clóset reposan 15 pares.

El calzado es su fijación, porque cuenta la filósofa Liliana Ossa Zamorano, hasta cuando no trabajó, ella no se estrenó  un par de zapatos. “A mí me tocaba heredar la ropa y zapatos de mis primas, podían ser más grandes, anchos o más chiquitos. No le podíamos pedir a mi mamá para eso. Mi infancia fue dura”, reconoce.

Fue una infancia donde vivió “de arrimada” en la casa de sus abuelos maternos,  ya que su papá, Gabriel Ossa Gómez, un vendedor de electrodomésticos en J. Glottman y su mamá, Elba Zamorano García, se separaron luego de cinco años de matrimonio.

A su mamá le tocó  correr con sus dos hijos  a la casa de sus papás, ubicada en el Centro de Cali.

A su padre, al que dejó de ver cuando ella tenía 5 años de edad,  Liliana lo volvió a reencontrar al ser una mujer de unos 40. Llegó moribundo al Seguro Social, cuando su hermano, médico, estaba de turno. “Nos dio mucha tristeza, nosotros le hicimos el entierro”.




Asegura  que si sus animales le sobreviven, al poco tiempo se mueren, “porque  tienen una compenetración muy grande conmigo”.<br>Foto: Hroy Chávez | El País
Asegura que si sus animales le sobreviven, al poco tiempo se mueren, “porque tienen una compenetración muy grande conmigo”.
Foto: Hroy Chávez | El País

Líder innata

Desde  pequeña, Liliana era la líder del salón, se le notaba su inteligencia, era la de los discursos, la de las pilatunas, nos hacía entrar en movimiento.

Así  recuerda Gloria Eugenia Fernández Machado, asesora en propiedad raíz, la época en que estudió junto a Liliana la  primaria y el bachillerato en el Colegio Nariño, el de las “estrictas Hermanas Girón”, que quedaba en la  Avenida Rooselvelt.

Desde ese tiempo han sido amigas y por eso conoce con exactitud lo que le gusta o no a esta caleña atlética, de 1,71 m de estatura que, gracias a su sana alimentación y su actividad diaria en el gimnasio y los fines de semana en bicicleta, puede enorgullecerse de tener, a su edad, piernas fortalecidas y sin celulitis.

Como es completamente vegana, sostiene Gloria, cuando nos reunimos hay que ir a sitios que no tengan nada que ver con carne.  “Nosotras le llevamos la corriente con tal de estar con ella, que nada la perturbe. Liliana nos alegra mucho con sus ocurrencias. Hay gente que no la entiende, pero nosotras le seguimos la corriente para no mortificarla y también porque a  todas nos conviene comer así por salud”.

Liliana, interviene la lingüista y exdirectora del Teatro Municipal Juliana Garcés,  defiende sus creencias por encima de cualquier cosa. No se rinde ante nada. Cuando se trata de trabajar por sus metas es hiperactiva, una trabajadora incansable,  una mujer de muy buen corazón, muy amiga de sus amigos y de las personas que quiere.

Una vez, rememora Juliana, la llamé y le conté que había gente que decía que en Paz Animal se sacrificaba a los animales cuando no había quienes los adoptaran. Se puso furiosa,  incluso conmigo, por haberme atrevido a repetir algo que estaban diciendo en la calle, cuando yo sabía que era falso lo que se estaba hablando.

Liliana, agrega  Juliana, defiende a ultranza los animales. Para ella, hasta a las cucarachas hay que cuidarlas.

Maestra 

Que la tilden de loca por su forma de pensar y vivir la tiene sin cuidado.

“La locura surge  cuando a usted se le sale  una lucidez extraordinaria”, comenta. Y agrega: si Friedrich Nietzsche fue loco y a mí me dicen loca, pues yo feliz de que me digan así”. En cambio se pondría furiosa, como bien sabe hacerlo ella, si la llaman “lambona o arribista”. Porque nunca ha sido ni lo uno ni lo otro.

Lo mejor de su vida, asegura, es haber sido maestra. Dictó  en colegios y universidades de la ciudad clases de historia, lógica, filosofía, sociología, antropología y fue docente y luego decana de la Facultad de Artes Visuales y Aplicadas de Bellas Artes.

El rector de Bellas Artes, Ramón Daniel Espinosa, rememora cómo Liliana siempre motivaba a que sus estudiantes de diseño gráfico  o de artes plásticas presentaran propuestas para la concientización ciudadana en torno a la protección de los animales.

En 2003 pintaron, con ayuda de la empresa privada que regaló las pinturas,  paredes sucias de la ciudad con imágenes y mensajes de protección y de esperanza de cuidado a los animales. “Fue bello ese proyecto”.

Liliana, a quien le encanta tratar con la gente joven, recuerda que sus estudiantes la querían mucho porque “yo me asociaba para delinquir con ellos”. Por ejemplo, los mandaba a traer bastante comida para comer en el salón de clases a puerta cerrada, aun cuando eso estaba prohibido, y les pedía que estuvieran pendientes de avisar si llegaba el ‘enemigo’: el rector.

En una ocasión, incluso, no regañó a una pareja que estaba tomando por costumbre copular en uno de los salones de clase. A ella se lo ‘cantaron’ otros estudiantes. Les montó guardia a los enamorados, esperó  hasta las 8:00 p.m. y les cayó por ¡sorpresa! “Les pegué un susto que casi se orinan”, cuenta entre carcajadas.

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