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viernes, 4 de marzo de 2016

Así es como la muerte de miles de animales financia el terrorismo

Exterminan colonias enteras de animales protegidos para mejorar sus arsenales, financiar cursos de adiestramientos militares o planear ataques en el extranjero.

Artículo de Alberto Balbieri, tomado de La Vanguardia


Un soldado de Mali muestra marfil incautado durante una redada.
Foto: Michael Gottschalk - Getty Images

El ataque terrorista a la sala Bataclán de París podría haber llegado del exterminio masivo de los elefantes africanos. En las mansiones de la nueva clase media de Taiwan o Singapur es frecuente encontrarse con preciados cuernos de rinoceronte, colmillos de elefante o el cuerpo embalsamado de un tigre. Lo más probable es que el dinero de estos nuevos ricos termine en las arcas de grupos terroristas, de rebeldes o de organizaciones criminales relacionadas con el tráfico de armas y drogas. Estos grupos exterminan colonias enteras de animales protegidos para mejorar sus arsenales, financiar cursos de adiestramientos militares, planear ataques en el extranjero, controlar territorios y reclutar nuevos militantes.

El valor del cuerno de rinoceronte llega a los 66.000 dólares el kilo, más que el oro (algo más de 27.600 euros el kilo) o el platino (27.800 euros a día de hoy). El mercado negro de la naturaleza alimenta un negocio de 23.000 millones de dólares al año, siendo el cuarto mercado ilegal del mundo tras drogas, armas y seres humanos. El tráfico de vida silvestre, la caza furtiva y la comercialización de especies raras, según el WWF, son, después de la destrucción del hábitat, la segunda razón de la extinción de especies. A la par, también uno de los principales medios con los que se financian guerras, terrorismo y corrupción.




Droga y guerra a costa de la naturaleza

En África central y subsahariana son numerosos los grupos armados que compran armas y drogas a través del saqueo de la biodiversidad: Lord Resistency Army en Uganda, Janjaweed en Sudán, las Fuerzas Democráticas para la Defensa de Ruanda, el Mai-Mai Morgan en el Congo, los Al-Shabaab en Somalia y Kenia y Boko Haram en Nigeria. Uno de los casos más dramáticos es el del Parque Nacional de Garamba, en la República Democrática del Congo, en la frontera con Sudán. Por mano de estos grupos, la población de elefantes se ha reducido un 90% en dos años, pasando de los 22.000 ejemplares en 2013 a los menos de 2.000 actuales.

El mismo mecanismo también se reproduce en el caso de los narcos de América Central. Por un lado deforestan enormes territorios y por el otro son clientes de este comercio. Durante la intervención policial en 2014 de la casa del narco mexicano Alberto Carrillo Fuentes, conocido como Betty la Fea, se encontraron, entre lingotes y arsenales, varios ejemplares de pantera negra embalsamados. Pablo Escobar, en su residencia, tenía jirafas, gacelas, cebras, canguros, leones, tigres e hipopótamos. Con el tiempo, su zoo personal llegó a hospedar a más de 2.500 unidades y albergó hasta réplicas de dinosaurios de tamaño natural.

Narcotraficantes con zoo personal

Panteras negras embalsamadas, jirafas, gacelas, cebras, canguros, leones, tigres e hipopótamos. Las excentricidades de los narcotraficantes ponen en peligro a miles de animales.

En Asia, las milicias tribales en el norte de Birmania cazan y venden tigres y reptiles para financiarse. Los separatistas de la Cachemira, por su parte, exterminan a leopardos de las nieves, tigres, antílopes tibetanos, rinocerontes y elefantes.

El negocio del marfil

El marfil es una de las principales fuentes de financiación del terrorismo internacional. Un colmillo de elefante de 20 kilogramos tiene un valor de unos 1.200 euros. En el informe The Environmental Crime Crisis , elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Interpol, asegura que el comercio de marfil es “la principal fuente de financiación de los grupos armados vinculados, de diversas maneras, con terroristas afiliados a Al Qaeda y Estado Islamico”.

En Mali se encuentran los últimos grupos de elefantes del desierto que quedan en el mundo, junto con la única manada de Namibia. Se trata de uno o dos rebaños como máximo, compuestos de unos 550 animales que han desarrollado una ruta de migración única para sobrevivir a las condiciones excepcionales del Sahara. Sólo en 2015 han sido sacrificados 80 elefantes y, según el Mali Elephant Project, estos hermosos animales podrían extinguirse dentro de tres años. La revuelta y el caos islamista invade su territorio y los amenaza directamente.




Varias ONG han señalado que el atentado contra el centro comercial Westgate en Nairobi de septiembre de 2013 perpetrado por Al-Shabaab fue financiado en gran medida con el comercio ilegal de marfil. El ataque de la célula somalí de Al Qaeda, cuyos fondos provienen en un 40% del contrabando de marfil, causó 68 muertes. Pero no son los únicos: también explotan este tráfico ilegal los nigerianos de Boko Haram, así como el Janjaweed de Sudán y el Renamo de Mozambique.

La naturaleza, un reclamo terrorista

La fauna también ha sido utilizada por los yihadistas en su propaganda para reclutar nuevos combatientes. En un vídeo que comienza con una atmósfera idílica de canoas que se deslizan sobre el agua al estilo documental, Al-Shabaab invita a los extranjeros a viajar a tierras desconocidas, explorar nuevos territorios y cazar animales salvajes en un safari en la exuberante vegetación de la sabana del África Oriental. “Los muyahidines son turistas. Ellos tienen la oportunidad de ver la belleza de la creación de Allah”, lee el narrador con un claro acento británico. La guerra es aquí es presentada como si fuera lo mismo que participar en un safari aventurero y romántico.

68 muertos 
Terrorismo financiado con maltrato animal

El atentado de Al-Shabaab en un centro comercial de Nairobi de 2013 fue financiado principalmente con el comercio ilegal de marfil, según varios organismos.

Pobreza y hambre que llevan a la caza furtiva

La guerra obliga a las poblaciones locales a sobrevivir como pueden. Grúas, garzas, flamencos y sisones también terminan en la olla. En Yemen, la Fundación para la Protección del leopardo de Arabia ha expresado su gran preocupación para los últimos 200 ejemplares presentes en su hábitat natural. Los felinos viven al sur de la capital, Saná, donde las batallas entre gobierno y separatistas duran desde hace una década y las fotos de leopardos muertos ya vienen junto con las de guerra.

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