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sábado, 1 de octubre de 2016

Una familia criminal detrás de la red de tráfico de animales en Asia

La conexión asiática de una trama mundial. El diario The Guardian expone al clan de los Bach, que controla la puerta de entrada del trafico ilegal de animales salvajes exóticos, en un negocio de 23 mil millones de dólares, que mezcla prostitución y drogas.

Tomado de Clarín.com


Una familia criminal detrás de la red de tráfico de animales en Asia / Reuters

Existe una sencilla razón por la cual siempre hay problemas en Nakhon Phanom. Es la razón por la cual la fuerza aérea de Estados Unidos vino aquí durante la guerra de Vietnam y esta ciudad polvorienta en el noreste de Tailandia es hoy la primera puerta de entrada del tráfico de animales en el mundo. Esa razón es geográfica.

Nakhon Phanom se asienta en la margen occidental del río Mekong y está directamente enfrente de la ruta más corta a Laos, del otro lado del río, y en Vietnam.

Para los traficantes de animales salvajes, es el lugar perfecto para el negocio. Al oeste, Tailandia tiene algunas de las mejores conexiones aéreas y marítimas en el sudeste de Asia; y al este, están los mercados de Vietnam y China, hambrientos de la carne, el cuero, las garras y los huesos de los animales salvajes exóticos.



Un grupo de elefantes cruza un camino en Pana, Tailandia. / AP


Hoy, The Guardian expone a la familia criminal que controla esta puerta de entrada. Y nombra a tres empresas principales con conexiones políticas poderosas como los intermediarios en el tráfico mundial de animales salvajes. Han comerciado toneladas de colmillos de elefantes, cuernos de rinoceronte y huesos de león de África, además de tigres, tortugas, serpientes, monos y pangolines asiáticos. Una cantidad sustancial de su negocio es ilegal. Los principales responsables son millonarios. Todos los animales que ellos manipulan pierden su libertad; casi todos ellos también pierden sus vidas, en un negocio de 23 mil millones de dólares.

La investigación dirigida por una organización contra el tráfico, llamada Freeland, con sede en Bangkok, previamente expuso a los actores clave en esta red de tráfico.


Los hermanos Bach importaban tigres criados en cautiverio. / Archivo EFE

Durante los últimos años, seguimos el trabajo de Freeland, nos reunimos con informantes claves y el jefe del equipo de investigación, y ampliamos la investigación a otras partes de la cadena de suministro, que relacionan los arbustos africanos y el bosque asiático, con los nuevos suburbios de Hanoi y Beijing. Esta es la historia de la conexión asiática.

La vida secreta de Nakhon Phanom gira alrededor de una familia criminal, los Bach. Dos de los hermanos Bach fueron identificados como los actores clave que controlan la puerta de entrada del contrabando de Tailandia a Laos: Bach Mai y su hermano mayor, Bach Van Limh.


La familia criminal que lidera el negocio de tráfico ilegal de animales en
Asia, revelado en el sitio del diario The Guardian. / Captura de pantalla

El equipo de investigación los vio reuniéndose con traficantes africanos de animales salvajes, descargando carne de camiones frigoríficos, cargando automóviles con compartimentos ocultos y entregando paquetes a la policía local. Aparte de la exportación de animales salvajes, los informes de inteligencia de la policía tailandesa también los relacionan con la importación de drogas de Laos a Tailandia.

El hermano mayor se ocupa de la parte vietnamita del negocio. Él estableció el negocio de la familia en Nakhon Phanom, hace unos 15 años, aunque se fue de allí, después de que la policía tailandesa comenzara a investigar su responsabilidad en el negocio de las drogas. También está involucrado en el regenteo de prostitutas y en el contrabando de autos, al igual que en el tráfico de animales salvajes. Es propietario de un hotel, un café y negocios legítimos que comercian oro y ubican a trabajadores inmigrantes.


Los cuernos de rinocerontes son usados para hacer "medicamentos". / Reuters

Los Bach son actores clave en un mercado activo. Entre los numerosos proveedores más pequeños, tres empresas de Laos han operado durante el mismo tiempo que los hermanos Bach. Aunque, al igual que los Bach, hasta ahora, le han escapado a la atención pública.

Todas las empresas de Laos abrieron granjas de animales salvajes en el comienzo de la década de 2000. Importaban tigres criados en cautiverio, algo legal, en tanto se los utilice con fines científicos y educativos, no con fines comerciales. Las tres empresas continuaron infringiendo las leyes internacionales y de Laos.

En esa época, los hermanos Bach ya traficaban animales salvajes, al principio, de un proveedor muy conocido como ‘Fatty’, quien tenía una granja en las afueras de Bangkok, donde guardaba y criaba animales que había ingresado ilegalmente al país: tigres, y también osos, serpientes y tortugas. De acuerdo con una fuente que trabajaba en la granja, Fatty mataba a esos animales en un área especial de faena y enviaba los cadáveres para que los utilizaran en alimentos y medicamentos, y para decoración.



Los cadáveres de los animales son usados para alimentos y medicamentos y
para decoración. / AP


A veces, los despachaba él mismo a través del Mekong. Había una técnica estándar que usaban Fatty y otros traficantes tailandeses, de acuerdo con la fuente. Aunque Fatty también enviaba usualmente los cadáveres a sus mejores contactos traficantes, los hermanos Bach.

Un día a fines de 2002, o comienzos de 2003, Fatty apareció con un esquema nuevo. Había conocido a un hombre ambicioso llamado Chumlong Lemonthai que le podía proveer cuernos de rinoceronte de África, y huesos de grandes felinos de los bosques de Tailandia central. Fatty organizó una reunión entre Chumlong y los hermanos Bach en su granja, esperando ganar una comisión como intermediario. Al principio, fue bien. Él acordó proveer los cuernos y los huesos. Luego salió mal. los Bach lo dejaron afuera del trato.

Chumlong siguió prosperando en el negocio. Para 2005, tenía problemas para proveerles fuentes de animales salvajes del sudeste de Asia a sus clientes, y decidió mudarse a la mayor fuente potencial en el mundo, Sudáfrica.

Conoció a propietarios blancos de tierras en Sudáfrica que criaban leones en sus ranchos. Chumlong encargó la matanza de cientos de leones y supervisó el hervor de los cadáveres para separar los huesos de la carne. Luego, dividió los huesos en bolsas de diez kilos y se los despachó a Bachs, quien los vendió a su vez, a Vietnam y China para ser utilizados como sustituto económico de los huesos de tigre en los tónicos para la salud (aunque no hay evidencia de su efecto medicinal).

Esto era potencialmente ilegal conforme a la Convención de Comercio Internacional de Especies en Peligro. Era frecuente que contrabandearan los dientes y las garras de los leones, sacándolos de Sudáfrica a través de las trabajadoras sexuales tailandesas; eran ayudados a través del aeropuerto de Johannesburgo por un empleado de la línea aérea, cuya identidad la conoce The Guardian. En Bangkok, un funcionario corrupto del aeropuerto custodió los envíos de Chumlong, a la llegada a Tailandia.

Con el negocio floreciente de los huesos de leones, Chumlong cambió su atención hacia los cuernos de rinocerontes, que tuvieron gran demanda en Vietnam después de 2007, cuando se extendió un rumor de que un funcionario de gobierno los había utilizado para curarse de un cáncer. Establecieron “pseudo” cacerías en las cuales se le pagaba a un secuaz voluntarioso para estar junto a un cazador profesional mientras le disparaban y mataban a un rinoceronte y le quitaban su cuerno. Lo vendían y molían para medicinas tradicionales, aunque el cuerno de rinoceronte no se diferencia sustancialmente de las uñas y no es más efectivo como medicina.

Los hermanos Bach patrocinaron algunas de estas “pseudo” cacerías. Los documentos a los que pudo acceder The Guardian muestran que al menos seis miembros de la familia extendida viajaban de Vietnam a Sudáfrica para participar de las cacerías. De esta manera, Chumlong disponía la matanza de decenas de rinocerontes.

En junio de 2011, luego del trabajo de Freeland y un investigador privado de Johannesburgo, Chumlong fue arrestado por funcionarios de la autoridad recaudadora de Sudáfrica en una operación de alto perfil.

En noviembre de 2012, un tribunal sudafricano dictó la sentencia de 40 años de prisión para Chumlong, aunque fue reducida a 13 años, después de la apelación. Bach Van Limh intentó salvarlo, pero Chumlong quedó tras las rejas. Cuando Freeland continuó con la investigación, vieron que la conexión asiática estaba tan activa como nunca.


Productos de origen animal traficados ilegalmente provenientes de Asia. / AP

Comenzaron a centrarse en los hermanos Bach, que no habían estado expuestos, y se dieron cuenta que eran actores claves.

El equipo de investigación informó que los Bach siguen comerciando desde la calle principal de Nakhon Phanom, en un edificio de departamentos, donde los últimos pisos están resguardados por rejas de seguridad. El equipo fotografió muchas visitas de los dos sudafricanos mercaderes de huesos de leones con quienes trabajaba Chumlong.

La policía tailandesa rastreó una secuencia de pagos de los Bach a otros traficantes de animales.

En una ciudad con pocas fuentes de riqueza, los equipos de investigación identificaron depósitos, edificios de departamentos y un club nocturno propiedad de los Bach, y los filmaron a ellos y sus hombres conduciendo una flota de vehículos nuevos de alta gama, algunos de los cuales tenían las placas de las patentes alteradas. Los integrantes del equipo de investigación creen que algunos en la red portan armas de fuego y utilizan tácticas sofisticadas contra la vigilancia, poniendo a dos o tres personas en la ruta de su jefe para ver si lo siguen.

Por Nick Davies y Oliver Holmes

guardian.co.uk © Guardian News and Media 2016

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