En algún lugar bajo la lluvia siempre habrá un perro abandonado que me impedirá ser feliz. Jean Anouilh
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miércoles, 28 de febrero de 2018

Un año y medio de cárcel para el cazador que maltrató a 55 perros en «La finca de los horrores»

Roberto González Gálvez ha sido condenado por tener a los animales completamente abandonados, algunos hasta la muerte.

 Artículo de S.L., tomado de ABC.es

El condenado Roberto González Gálvez - EL REFUGIO
El Juzgado de lo Penal número 3 de Móstoles ha condenado a un año y seis meses de prisión a un cazador por maltratar a 55 perros en la conocida como la «Finca de los horrores», donde tenía a los animales rodeados de basura, abandonados y desnutridos, sin agua, sin comida y mutilados.

En la sentencia, fechada el pasado 20 de febrero, el magistrado Marcos Ramón Porcar condena al cazador Roberto González Gálvez por un delito continuado de maltrato a animales y le impone 10.925 euros de indemnización a la protectora de El Refugio. Además, el juez le impone la inhabilitación para el ejercicio de cualquier profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales domésticos durante cuatro años y seis meses.

La resolución no es firme y contra la misma puede presentarse un recurso de apelación ante la Audiencia Provincial. Se impone la pena máxima en atención a la gravedad de los hechos, al gran número de animales, algunos de los cuales murieron, y al grave riesgo producido por los perros solo evitado por la acción de los agentes.



La resolución considera probado que el condenado, propietario de todos los animales, mantuvo a estos en una parcela de la localidad de Villa del Prado (Madrid) «en condiciones de absoluto abandono y con falta de atención a sus necesidades fisiológicas y sanitarias».

Heces y restos óseos

«El lugar presentaba un olor nauseabundo, lleno de basura, escombros, heces y restos óseos de distintas especies»: «Había cuatro perros con heridas infectadas de diversa consideración, con míasis (gusaneras), sin que presentaran signos de un intento de tratamiento o cura».

La mayoría de los animales «presentaban síntomas de desnutrición y deshidratación severa», algunos «estaban a pleno sol sin ventilación adecuada, sin agua y sin comida», mientras que «otras estaban preñadas y con presentaban hipertrofias mamarias» e incluso había cachorros y adultos con «mutilaciones de orejas y rabos».

En los habitáculos techados se encontraban hacinados de seis a siete animales de entre 20 y 30 kilos de peso por jaula, en otros sin techo, al sol y sin agua, había un perro en cada uno, atado a la pared con una cadena sentados sobre sus propias heces con heridas debidas al apoyo continuado sobre el hormigón. Todos los ejemplares sin excepción estaban plagados de garrapatas.

Además, en la «Finca de los horrores» se localizaron dos perros muertos en avanzado estado de putrefacción. La sentencia señala que «los padecimientos y, en su caso, muerte de los animales podrían haberse evitado de haber recibido los cuidados de salud e higiene que precisaban aquellos».

«Iba por la noche y no lo vi»

El acusado alegó en el juicio que él hacía de médico/veterinario, que trataba directamente a los animales pero que el problema era que iba por la noche y por eso no lo vio lo sucedido en la finca. Pero el magistrado desmonta esta tesis al señalar que no hay rastro alguno de tratamientos en los perros o restos de medicinas y que el acusado podía ir por el día a la finca o utilizar linternas o focos para verlos.

«La situación de la perrera ilegal era de tales condiciones que era seguro que no podía desencadenarse y concluir más que en la muerte y menoscabo grave de la salud de los animales que solo se evitó por la intervención de los agentes y los servicios veterinarios», concluye el juez.