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domingo, 3 de diciembre de 2017

El misterio del corzo mutilado en un bosque de Barcelona (Vídeo)

Un excursionista trata de recuperar la pista del cérvido que rescató a las afueras de la localidad de Moià.

Artículo de Xavier Monsalve, tomado de La Vanguardia.com

Así encontró el excursionista al ejemplar de corzo, inerte y con la pata
delantera arrancada de cuajo (Kike Jaime)
El corzo herido. Parece el nombre de un pub irlandés. Pero eso es precisamente lo que se encontró un excursionista en un bosque de la provincia de Barcelona. Un corzo herido, muy malherido. Le habían arrancado la pata delantera derecha de cuajo. Saber quién o cómo se produjo la mutilación es sólo uno de los muchos misterios que rodean este caso.

Veterinarios, naturalistas y responsables de centros de recuperación de la fauna salvaje no saben qué ha pasado con el animal, cuyo paradero es ahora mismo un enigma. Kike Jaime, de 57 años, amante de la naturaleza y de los animales, se lo encontró la mañana del pasado 7 de octubre, mientras hacía senderismo por una zona boscosa de la localidad barcelonesa de Moià.

Su rescatador paseaba con un labrador llamado Dylan y una perrita mestiza, Rita. De repente, los ladridos de sus mascotas le alertaron de que había algo entre la maleza. Kike, un pequeño empresario del sector químico y muy aficionado a los deportes de montaña, se adentró con cuidado entre los arbustos y lo que descubrió le dejó perplejo: un corzo.

Kike Jaime, con Dylan y Rita, muy cerca del lugar donde encontró
el corzo (Xavier Monsalve)
Cada vez es más frecuente la aparición en más zonas de Catalunya de ejemplares de Capreolus capreolus a raíz de las políticas de reintroducción que se hicieron en el pasado, pero el principal hábitat de la especie es el Pirineo.

Expertos como Marta Sanmartín, veterinaria del zoo de Barcelona, consideran poco habitual la presencia en la comarca del Moianès de estos cérvidos. Se trata de animales asustadizos y muy propensos a padecer estrés ante la presencia humana. A pesar de que Dylan y Rita son perros muy amigables, el hallazgo despertó sus instintos cazadores.

Kike Jaime no entendía cómo el corzo no huía y de pronto se fijó en su pata derecha. O, mejor dicho, en la completa ausencia de su pata derecha. Mientras mantenía a raya a sus perros para que no le hicieran nada, se acercó al animal, al que trató de tranquilizar con palabras cariñosas: “¿Qué te han hecho, pobrecito?”.

El excursionista hizo fotos y un breve vídeo con su teléfono móvil del hallazgo. No pudo explayarse en la grabación porque le preocupaba más alejar a sus perros que dejar un exhaustivo testimonio gráfico de lo sucedido. Sin embargo, las imágenes son suficientemente reveladoras de su pequeña odisea.


¿Qué hacer? El coche estaba a más de una hora de camino por el monte. A Kike Jaime ni se le pasó por la cabeza abandonar al corzo a su suerte y regresar a su casa. Volvió a por el coche y rehizo el camino hasta las malezas. Luego metió el corzo como pudo en el vehículo, un todoterreno, y realizó el peor viaje de su vida, con tres animales nerviosos a bordo: dos perros que no dejaban de ladrar y un cérvido herido y asustado.

Fueron 40 minutos de un trayecto interminable hasta llegar a Caldes Animal, la protectora de Caldes de Montbui. Desgraciadamente, cuando llegó, el centro ya había cerrado, pero aún quedaba por la zona un grupo de personas que paseaban perros y que se presentaron como voluntarios de la instalación. Kike Jaime les explicó qué le había ocurrido y estos desconocidos se brindaron a hacerse cargo del animal.

En ese momento se le abrió el cielo porque no se veía con ánimos para volver a ponerse al volante en las mismas circunstancias que antes. Su aventura se había acabado. O eso pensaba él...

Cuando La Vanguardia conoció lo ocurrido, se puso en contacto con la protectora y el misterio del corzo herido no hizo sino crecer. Los responsables de la protectora no dudan del testimonio de Kike, avalado además con pruebas gráficas, pero ignoran quiénes eran las personas que se presentaron como voluntarias del centro.

Ante la posibilidad de que esas personas decidieran trasladar el corzo a otras instalaciones más especializadas, este diario se ha puesto en contacto con cuatro centros de recuperación de fauna salvaje, dos de ellos dependientes de la Generalitat. Y la respuesta ha sido la misma en todas partes: nadie sabe nada. Es el misterio del corzo herido.