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martes, 7 de noviembre de 2017

Légolas, el mastín de Salamanca que superó un ictus medular (Vídeo)

Un perro de tres años que ha sobrevivido a una complicada lesión medular.

Artículo de Paula Plaza, tomado de La Gaceta de Salamanca.es

Legolas en uno de sus paseos con Julio. | JAVIER CUESTA
El pasado 1 de septiembre, este perro de apenas tres años de edad sufrió un accidente vascular isquémico. Una lesión crónica que se produce cuando se obtura un vaso sanguíneo y la médula no recibe la sangre necesaria. Esta lesión le causó la pérdida total de la movilidad de cintura para abajo y, como consecuencia, su peso se ha reducido progresivamente debido a la perdida de la musculatura trasera.

Légolas fue encontrado, con 8 meses de vida, con graves heridas en el cuello hechas por otros perros que le atacaron. Desde entonces, ha vivido en la Fundación Luna. Una protectora, sin ánimo de lucro, de animales abandonados, necesitados o maltratados. A pesar de ello, ha conseguido sobrevivir gracias a la ayuda desinteresa de distintas clínicas veterinarias que se volcaron con él en su recuperación diaria.

Su diagnóstico es crónico y no se espera recuperación pero, sin embargo, tiene una movilidad avanzada. Lo único que necesita es un antibiótico diario y una serie de ejercicios para impedir que le salgan llagas en las patas traseras. Además, Légolas cuenta con la ayuda de una silla de ruedas para animales que le permite la independencia; aunque sin ella también es capaz de moverse arrastrando la parte posterior del cuerpo.

El animal no requiere ningún cuidado excepcional más que los anteriores y, los gastos que produce, son menores a los de otros mastines ya que, aparte de las vacunas y revisiones, su cuerpo necesita menos comida. Actualmente sigue adelante gracias a la ayuda de Julio Ceballo quien desde que sufrió el ictus no se ha separado de él y, actualmente, le está buscando un hogar definitivo.

A pesar de todo, el mastín sigue una vida normal donde sus momentos preferidos son los paseos. Légolas necesita un dueño que le cuide y no requiere vivir en un sitio especial, siempre que no haya barreras arquitectónicas que le impidan moverse.