En algún lugar bajo la lluvia siempre habrá un perro abandonado que me impedirá ser feliz. Jean Anouilh
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viernes, 3 de enero de 2014

“Me apena que haya gente que se comería a mi perro”

La activista denuncia que la gente consume carne sin haberlo elegido libremente.

Artículo de Alejandra Agudo, tomado de El País.com

Melanie Joy, activista vegetariana. / Samuel
Sánchez.
Era la chica amante de la pizza de carne y doble de queso en su adolescencia. Pero a los 23 años se hizo vegetariana después de sufrir una intoxicación con una hamburguesa en mal estado que la llevó al hospital. Melanie Joy, de 47 años, es hoy una activista defensora de los derechos de los animales que recorre el mundo con una idea: “Quiero que las personas sepan que tienen elección de no comer alimentos de origen animal”. Una opción que, según dice, no existe. En su opinión, nacemos en sociedades carnívoras y pasamos de la lactancia materna al filete.

Delgada, de apariencia más joven que lo que revela su fecha de nacimiento, Joy dice sentirse más saludable que cuando comía carne. “Al principio no sabía nada sobre el tema, en EE UU había poca información, y creía que al hacerme vegetariana podía ponerme enferma”, recuerda. Eso no sucedió y, desde entonces, esta profesora de Psicología y Sociología de la Universidad de Massachusetts (Boston) ha eliminado de su dieta cualquier ingrediente que antes tuviera ojos. De hecho, cita la entrevista en una cafetería donde no se sirve leche de vaca. Ella opta por aclarar su café con una de soja.

Con todo, Joy dice que no defiende no comer carne, sino que se haga o no por una “elección libre”, y cuando se sienta a la mesa con un amigo que devora una pierna de cordero no le juzga. “Reconozco que es el mundo que hemos heredado”, justifica. Sin embargo, cree que el sacrificio de animales para el uso humano, también para la ropa, es “una atrocidad mundial”. “Todos los animales tienen el deseo de continuar viviendo”, razona. Sin embargo, dice, a unos los queremos como mascota y jamás les hincaríamos el diente y a otros los echamos a la cazuela. Los motivos de esa elección son los que escudriña en su libro Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas (Plaza y Valdés Editores), que ha venido a presentar en España.

Joy viaja mucho y por eso ya no tiene perro. “Pero tuve uno y me pone triste pensar que hay gente de algunas culturas que se lo comería”, dice. La activista se refiere a “una parte de la población China” que sí consume este animal. Pero apostilla que ella no distingue entre especies. No quiere ninguna en su menú o en su armario. Y como ella, hay cada vez más gente. “He estado en muchos países y conocido muchas culturas y cada vez son más los que se preocupan por los animales”, dice.

Se agota el café antes que el tiempo y Joy recuerda que estudió Lenguas Extranjeras en la universidad. Combina el inglés con un español bastante avanzado. “Tengo que mejorarlo”, justifica cada vez que pregunta alguna palabra. La activista dejó los idiomas a la vez que la pizza de carne. Aquella hamburguesa en mal estado no solo cambió su manera de comer y la llevó a crear su propia organización, Caan (red de concienciación y acción sobre el carnismo). También recondujo su carrera hacia la investigación sobre la violencia y se doctoró en Psicología Social. “Creo en la justicia, tanto para los seres humanos como para los animales”, repite. Una idea que hace un año decidió tatuarse. Una balanza adorna su muñeca. En el centro, una C de coraje sostiene sin vencerse hacia un lado u otro a la compasión y la curiosidad. ¿Qué significa? “Vive tu verdad”.

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