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domingo, 26 de enero de 2014

Aislar a animales de compañía es cruel y contraproducente

Descendientes del lobo, los perros son seres sociales que requieren de la interacción con sus amos y para los cuales el aislamiento puede resultar mortal. El error de creer que "afuera y atado" los hará más bravos y protectores.

Artículo de Martha Gutiérrez, tomado de Clarín.com


No se entiende por qué alguien adopta un animal de compañía para condenarlo a vivir en soledad toda su vida, ya sea en un patiecito pequeño, un lugar de lavado , una terraza aislada o un balcón.

Con frecuencia, se los puede ver en un terreno grande, pero atados a un lado o detrás de la casa, al costado del movimiento familiar, es decir, al costado de la vida. Y nos preguntamos por qué, por qué hacen esto con un ser vivo. ¿Cuál es el motivo que tiene el ser humano para convertir a un animal en un esclavo? ¿Qué lo lleva a ser tan cruel, para condenar a un noble ser a las más importantes carencias de la vida, como la soledad total y el aislamiento?

Los ancestros del perro han sido los lobos, animales sociales por excelencia, que viven en grupos familiares estrechos. Los perros necesitan lo mismo. Cuando no viven en sus propias familias de canes, ellos transfieren al ser humano el control del grupo familiar, necesitan no sólo recibir de éste el alimento y los cuidados, sino muy especialmente el afecto. Y la soledad y el aislamiento no son afecto.
Estar reducidos a lugares pequeños o atados, especialmente a un punto fijo, provoca en los perros trastornos de carácter y problemas físicos por falta de movimiento, especialmente en sus extremidades y articulaciones.


Es probable que se recuerde la historia de Capitán, un perro mestizo de labrador y dogo que falleció a los 10 años, los cuales vivió sujeto a una cadena con gancho a la pared, al fondo de una casa. Capitán vivió 10 inviernos a la intemperie, sólo con una chapa por techo y ni siquiera una madera sobre la fría tierra, y nueve tórridos veranos bajo el sol, bebiendo agua caliente. Perros de esa cruza suelen vivir, bien cuidados, entre 14 y 18 años, pero Capitán llegó esforzadamente y a puro corazón a los 10.

En esa triste historia, un vecino contaba que pudo ver a Capital muerto a través del cerco, tendido y rígido con su cadena al cuello. No se entendía por qué ese vecino no denunció la crueldad antes, lo cual hubiera evitado esa muerte absurda e impiadosa. Es posible que quisiera desahogar su conciencia como cómplice del silencio.

Lamentablemente, el caso de este perro ”puro corazón” es muy común. Se consiguen revertir por suerte muchos de esos casos, pero es muy necesario que la comunidad esté alerta por casos como éste y similares, y con todos los datos necesarios denunciarlos ante las entidades proteccionistas y la Justicia.

No sólo los animales silvestres merecen vivir en libertad, los domésticos de compañía también deben vivir libres dentro del ámbito en que habitan las personas que los han adoptado.


No es verdad que un perro acostumbrado a estar atado se hace bravo y defenderá mejor a su responsable. De ningún modo. Ni tiene que vivir fuera de la casa para convertirse en el mejor sistema de seguridad, ya que el perro defenderá a quien considere jefe de su manada o integrantes de la misma.
Bravos o mansos, los perros fuera de la vivienda pueden morir por administración de venenos en forma previa o baleados con armas con silenciador. Pueden ser distraídos con una hembra en celo y que el vandalismo sea un hecho.

La mejor defensa posible es el perro guardián dentro de la vivienda. Especialmente por la noche, un perro dentro de la casa es mas eficaz, su oído agudo y su fantástico olfato, harán que avise a su responsable sobre una presencia extraña. Sus ladridos desde adentro permitirán ganar tiempo para utilizar el teléfono y pedir ayuda.

Hoy, además, hay alarmas y cámaras de vídeo que reemplazan a los perros y son más eficientes. No se debe jugar con la vida de los animales, teniéndolos como esclavos.


Los animales deben ser defendidos por sus responsables, por las sociedades protectoras, pero muy especialmente por los jueces y los fiscales, quienes suelen ser reticentes cuando los ciudadanos se presentan a denunciar malos tratos y crueldades hacia los animales. En esas ocasiones, suelen no interpretar el sentido de nuestra ley nacional 14.346/54, sino que requieren que la narración del hecho de crueldad del particular que se presenta y que con frecuencia tiene dificultades para expresarse con términos técnicos, se equipare a lo taxativo en la redacción que muestra la norma, y aunque se trate de una crueldad común y “a todas vistas” incluida en el espíritu de la ley no reciben la denuncia.

El Dr. Omar Facciuto, quien falleció hace pocos años, juzgaba por lo taxativo de la Ley Nacional de Protección a los Animales contra actos de crueldad, pero acudía también al espíritu de la norma al trabajar en el juzgamiento de un hecho de este tipo. Lamentablemente, este magistrado, con su pérdida dejó un gran vacío en la verdadera defensa de los animales no humanos.

Martha Gutiérrez es periodista y presidenta de ADDA- Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal; www.adda.org.ar

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