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martes, 11 de abril de 2017

Dan vida de mascotas a animales que eran explotados por la industria alimenticia (Vídeo)

Cerdos, cabras, gallinas, chivos, borregos y vacas conviven aquí como si fuera su propia casa la que comparten a diario.

Artículo de David Casas, tomado de La Silla Rota.com


David Casas / La Silla Rota

MONTERREY, Nuevo León (La Silla Rota).-  Lo que podría llamarse un "paraíso" para cualquier regiomontano es lo que se encuentra aquí: árboles y árboles sin cesar,  una escenografía de todos los tonos de verdes, un fondo que parece una pintura cargada de montañas. Aquí el bullicio urbano, se queda atrás. Y es aquí donde un grupo de seis jóvenes decidió traer y cuidar de 50 animales que -la mayoría- fueron rescatados de granjas de explotación dedicadas a la industria de la carne, leche, huevos.

Cerdos, cabras, gallinas, chivos, borregos y vacas conviven aquí como si fuera su propia casa la que comparten a diario.

“Es diferente a una granja, aquí no explotamos, ni vendemos o compramos animales; los rescatamos de la crueldad, de la muerte y viven hasta el fin de sus días bien cuidados, sin reproducirse y esterilizados”, afirma Adhara Talamantes, quien está al frente del  área de finanzas en una empresa de la localidad, pero que mezcla su profesión con el cuidado de este santuario.




Eli Hernández, Coral González, Blanka Alfaro, Jesús Carrillo, Gustavo Olvera y ella encabezan un fantástico, increíble proyecto denominado “Santuario Libres al Fin”, un lugar dedicado a dar una nueva oportunidad de vida, a rescatar de una muerte segura en un rastro a esos animales.

Los fundadores sostienen que el consumo inmoderado de carne ha provocado que la industria explote de manera cruel a los animales; en los últimos 10 años, el mundo come tres veces más carne de animales que viven enjaulados. En México, por ejemplo, se sacrifican alrededor de 18 millones de cerdos anuales.

Es el único en México en su tipo. En varios países existen este tipo de lugares con activistas que incluso acuden a los centros de cautiverio para liberar algunas especies, lo que ha generado polémica por el tema de que es un robo en propiedad privada.

La mayoría de quienes se dedican a estas actividades llevan además una dieta distinta en la que se abstienen de consumir cualquier tipo de alimento de origen animal sea la carne, sus derivados, así como lácteos y huevo.

Todos – dedicados a diversas actividades que les permiten financiarse- coincidieron al paso de los meses y aterrizaron el proyecto que ahora les permite dar una nueva vida a los animales condenados a morir.

Recuerda hacer años, cuando se enteró por las noticias de una cerdita que saltó del camión que la llevaba a un rastro en pleno centro de Monterrey; luego las autoridades la tomaron y al no ser reclamada acudió a solicitar la donación.

“Tienen sentimientos los animalitos, son sensibles y se estresan; la cerdita sintió el escalofrío de la muerte y en ese presentimiento saltó y causó un gran revuelo en los medios, en los noticieros”.

Hoy Wicca, como ha sido bautizada tiene una saludable vida y convive con gallinas, borregos, chivos y demás animales.




Ya con sus amigos integrados, todos buscaron apoyo y lo encontraron en una persona que les ha prestado el predio donde se establecieron y ahí las 24 horas cuidan de los animales y se dan tiempo para salir a laborar en sus actividades personales.

Recientemente tuvieron una baja que les entristeció: Chabela, la vaca, murió. Ella también encontró en el santuario una segunda oportunidad tras de que fue rescatada luego de que saltó de un camión en plena avenida  Constitución de Monterrey.

“Fue otro gran revuelo en los noticieros, la vaca saltó al vacío de la avenida y paralizó el enorme tráfico para después bajar al río Santa Catarina”, dice.

“Las autoridades nos entregan en custodia los animales y después de un tiempo razonable si no son reclamados gestionamos la donación. Casi nunca los reclaman porque implica el pago de sanciones económicas de las infracciones de tránsito, de posibles daños”.

Algunos borregos y cerdos fueron rescatados de mercados clandestinos. Otros borregos llegaron del Estado de Michoacán, del asilo Mamá Rosa, donde fue detectada una actividad  sancionada por las autoridades.

Talamantes no deja dudas acerca de la posesión de los animales, los que son entregados al santuario por la autoridad que los decomisa o rescata, previo trámites que cumplen una serie de requisitos.

Actualmente cuentan con un programa de apadrinamiento en donde la gente puede dar un donativo para la alimentación y el cuidado de los animales.

Los requerimientos hoy en día superan los 30  mil pesos (unos 1.500 euros) mensuales para adquirir 15 bultos de 50 kilos de alimento para cerdos, 70 pacas de zacate para borregos y vacas, granos para las gallinas y, frutas y verduras entre otros.

Gozan, se relajan, juegan, abrazan a los animales, sienten su calor, son sensibles, dicen estos jóvenes que son veganos a los que la campiña los fortalece, les da vida.

“ Sienten la vida, el cariño y la protección, el buen trato; son seres vivos”, explica la cofundadora del santuario.



Van y vienen por una especie de corral que tiene cada animal, aunque también hay un área común donde conviven todos los animales. Los cerdos tienen un cuidado especial por su piel y necesitan del lodo, espacio que tienen acondicionado también.

En el predio deambulan alegres los seis chivos que fueron  rescatados como bebés hace tiempo y que también escaparon del mercado campesino cuando estaban destinados a la muerte y a la venta por tan solo 200 pesos cada uno.

“Se fueron por un camellón, por 200 pesos (diez euros) iban a morir. Pero no vamos buscando ni pidiendo animales, los hemos encontrado deambulando como un cerdo que caminaba por otro camellón expuesto a un atropello”.

Adhara y cofundadores se reconfortan, se fortalecen con la naturaleza, con la salvaguarda de animales rescatados al rastro, a la muerte; no escatiman nada para darles vida.

“ Nos gusta, lo sentimos, nos nace, cada vez son más quienes cuidamos a estos seres vivos, amorosos; que somos veganos, que cuidamos la salud y lo que comemos para estar bien y servir a la naturaleza”.

Se regocijan en esa zona campestre, al sur de Monterrey, en las afueras de la urbe y en los límites con el municipio de Santiago, el lugar que, al menos los regios, gozan los fines de semana pero que muchos, cada vez más adquirieron propiedad y pueden escuchar el canto de los grillos.