En algún lugar bajo la lluvia siempre habrá un perro abandonado que me impedirá ser feliz. Jean Anouilh
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martes, 9 de agosto de 2011

Moro, el perro de los entierros.

Artículo de Milagros Soler Cervantes, tomado de culturandalucia.com

El municipio de Fernán Núñez, en la provincia de Córdoba, fue testigo de una de las historias más singulares jamás contadas. Su protagonista se llamaba "Moro", un perro callejero que nadie sabe muy bien cómo llegó al pueblo. Según cuentan, lo dejaron abandonado en un bar de la carretera unos camioneros que pasaron por allí. Otros dicen que lo vieron por primera vez debajo de un olivo, junto al cadáver de un vagabundo que bien pudiera haber sido su dueño.

Lo cierto es que "Moro" llegó a Fernán Núñez allá por la década de los setenta. Desde el primer momento destacó en él una característica singular: Perecía conocer el destino de aquellas personas que iban a fallecer. Cuando la muerte estaba próxima para alguno de los habitantes de la villa, "Moro" se acercaba a su puerta y permanecía allí. Luego asistía invariablemente a su entierro, acompañando como uno más, a los dolientes del difunto.

Este hecho no solo llamó la atención de los habitantes de la población cordobesa, sino que fue también noticia en la prensa internacional. La televisión alemana hizo un reportaje sobre tan singular animal y varios periódicos nacionales, como en la revista semanal "El Caso" o en el "Diario de Córdoba", dedicaron espacios en sus páginas para comentar el extraordinario suceso.

Su percepción sobre los hechos luctuosos llegaba a tal extremo que cuando trasladaban a algún fallecido al pueblo, procedente de otro lugar, esperaba al coche fúnebre a la entrada del casco urbano. Luego iba hasta el domicilio donde se hacía el velatorio y finalmente acompañaba a la comitiva hasta el cementerio.

Han querido explicar esta conducta tratando de decir que le atraían las manifestaciones en las que participaba mucha gente, pues en ellas podría obtener caricias y comida. Sin embargo, nunca asistió a bautizos, bodas o cualquier acto colectivo que con estas mismas características se celebraban en el pueblo.

Recorría las calles bajo la mirada atenta de sus habitantes. Algunos le temían por creerlo mensajero de la Muerte. Otros le facilitaban comida y atenciones, agradecidos por haberles acompañado en los difíciles momentos de la pérdida de un ser querido. Parece ser que fue una de las mujeres del pueblo, llamada Carmela, quien le puso el nombre. También fue la que asistió en sus últimos momentos.

"Moro" murió en el año 1.983 como consecuencia de una brutal paliza que le propinaron unos desalmados incruentos. Alguien anunció a Carmen que había un perro aullando en "El llano de las Fuentes", como si estuviera agonizando. Cuando llegó, al animal apenas le quedaba aliento de vida.

Ella le dio agua, refrescó su cuerpo y lo abrazó. Después de cruzar sus miradas, "Moro" falleció.
Varios hombres cavaron una fosa junto a unos paredones, en el lugar llamado las "Huertas Perdidas". Transcurrido algún tiempo esos muros se derrumbaron inexplicablemente sobre la tumba del animal, como queriendo constituirse en mausoleo de tan singular criatura.

- "Moro" -según diría Carmen- tenía algo que era sobrenatural.

Doce años después de ser salvajemente apaleado hasta su muerte, fue inaugurado en Fernán Núñez un monumento en el Parque de las Fuentes. Juan Polo, el artista que realizó la escultura, reflejó la tristeza, la paz y la bondad de un animal que ha entrado por mérito propio en el mundo de la leyenda.

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