En algún lugar bajo la lluvia siempre habrá un perro abandonado que me impedirá ser feliz. Jean Anouilh
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lunes, 24 de diciembre de 2012

Hoy encontré tu perro.

Este texto lleva tiempo circulando por la red, desconozco su autoría de ahí que no la cite. Disculparme por lo triste del mismo, pero es importante que en estas fechas de alegría no nos olvidemos de que esto sigue sucediendo, ahora mismo.



No, él no fue adoptado por nadie. Por aquí la mayoría de la gente ya tiene varios perros y quien no tiene ninguno no quiere un perro. Yo sé que esperabas que él encontrase un buen hogar cuando lo dejaste, pero él no lo encontró. Cuando lo vi por primera vez él estaba muy lejos de la casa más próxima, solo, con sed, flaco y rengueando por una herida en la pata.

¡Cómo yo quería ser tú en el momento que paré en frente de él! Entonces podrías ver su cola moviéndose y sus ojos brillando al saltar en tus brazos, porque él sabía que tú lo encontrarías, sabía que no lo olvidarías. Podrías ver en sus ojos el perdón por todo el sufrimiento y el dolor que había pasado en su interminable viaje en busca de ti. Pero yo no era tú. Y a pesar de mis intentos de convencerlo a acercarse, los ojos de él veían un extraño. Él no confiaba en mí. Él no se acercaba.

Entonces siguió su camino, porque estaba seguro de que el camino lo llevaría a ti. Él no entendía por qué no lo estabas buscando. Sólo sabía que no estabas allá, que era preciso encontrarte y que eso era más importante que la comida, el agua o el desconocido que podía darle esas cosas.

Entendí que era inútil intentar convencerlo o seguirlo. ¡Ni su nombre yo sabía! Fui a casa, llené un balde con agua, puse comida en un pote y volví para el lugar donde lo había encontrado. No había ni señal de él,  pero dejé el agua y la comida debajo del árbol donde él había descansado al abrigo del sol. Comprende: él no es un perro salvaje. Al domesticarlo, tú lo privaste del instinto de sobrevivencia en la calle. Él sólo sabe que que precisa caminar todo el día . No sabe que el sol y el calor pueden costarle la vida.  Él sólo sabe que necesita encontrarte.

Esperé en la esperanza de que volviera para buscar abrigo bajo el árbol, en la esperanza de que el agua y la comida lo hicieran confiar en mí, así podría llevarlo a mi casa, curar la herida de su pata, darle un lugar fresco para echarse y ayudarlo a entender que tú no harías más parte de su vida.  Él no volvió aquella mañana y el agua y la comida permanecieron intocados.  Me preocupé. Tú debes saber que pocas personas tratarían de ayudar tu perro. Algunas lo echarían, otras llamarían la perrera, que le daría el destino que tú tal vez creyeses que lo libertaría de todo el sufrimiento que estuviese pasando.

Volví al mismo lugar antes del anochecer y no lo encontré. A la mañana siguiente, volví y vi que el agua y la comida seguían intactas. ¡Ah! si estuvieras aquí para llamarlo por su nombre, ¡tu voz tan familiar! Comencé a caminar en la dirección que él había seguido antes, pero sin mucha esperanza de encontrarlo. Tu perro estaba tan desesperado para encontrarte que sería capaz de caminar muchos kilómetros en 24 horas. Horas más tarde y a una buena distancia del lugar adonde lo vi la primera vez finalmente encontré tu perro. La sed ya no lo atormentaba, su hambre había sido saciada, sus dolores habían pasado, la herida de la pata no lo torturaría más. Tu perro estaba muerto.
Se había librado del sufrimiento.

 Me arrodillé a su lado y te maldije por no estar ahí antes, para que yo pudiera haber visto el brillo en aquellos ojos vacíos, sólo por un instante. Recé, pidiendo que su viaje lo hubiera llevado al lugar que imagino tú esperabas que encontrara. Si supieses por todo lo que pasó para llegar allá... Y sufrí, sufrí mucho, porque sé que si él despertara ahora y si yo fuera tú, sus ojos brillarían al verte y movería la cola perdonándote por haberlo abandonado.

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