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lunes, 19 de enero de 2015

Estudiante realiza intento desesperado por salvar a cerdos destinados al matadero

En programas universitarios de agronomía, a los estudiantes a menudo se les exige criar animales y después enviarlos al matadero. Pero un estudiante de una universidad de la Costa Este cambio de opinión durante su clase de producción de cerdos.

Artículo de Michelle Kretzer, tomado de Peta Latino.com


El profesor había llevado a ocho cerdas preñadas de una granja inmovilizadas en jaulas de gestación. Después de dar a luz, los alumnos subastarían a las madres y a sus cerditos para que fueran asesinados.


Pero cuando uno de los estudiantes llegó a conocer de cerca a los cerdos, aprendió algo más: cuán amigables, inteligentes y leales son. No podía condenarlos a morir.

Así que contactó a Helga Tacreiter, quien opera The Cow Sanctuary en Nueva Jersey. Ella estuvo de acuerdo en hacerse cargo de los cerdos. Entonces Sam Simon, benefactor de PETA, tomó la iniciativa y ofreció donar el dinero necesario para salvarlos.


Parecía que los animales serían liberados. Pero entonces, surgió un problema que nadie pudo haber previsto. Días antes de la fecha programada para la subasta de los cerdos, el estudiante descubrió que la escuela había vendido a los cerdos sin explicación y que ahora se encontraban en un camión en dirección al matadero.


Llamó a Helga, y juntos, se pusieron en contacto con el conductor del camión y lo convencieron para que regresara – a cambio de un pago, por supuesto. Al anochecer, el estudiante, Helga y un grupo de voluntarios descargaron a los cerdos utilizando linternas. Unos minutos después de que los aterrorizados cerdos llegaron a The Cow Sanctuary, se acurrucaron amontonados y durmieron durante 24 horas seguidas.


Una de las cerdas, a la cual llamaron Trixie, estaba demasiado enferma para salvarse y murió pocos días después. Helga le quitó de su oreja la etiqueta de la granja industrial y la sepultó en el santuario.


El resto de los cerdos está prosperando en su nuevo hogar. Les encanta explorar el terreno y hozar en el heno. También corren a saludar a Helga cada vez que los visita en el campo.

Entre los últimos vestigios de la vida que llevaban los cerdos, están las etiquetas que atraviesan sus orejas. Muchos de los cerdos no dejan que Helga retire las etiquetas, probablemente porque sus oídos están tan infectados e inflamados por tener las etiquetas que sienten dolor al tacto. Helga está a la espera del día en que todos los cerdos rompan su último lazo con la industria de la carne.


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