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lunes, 18 de junio de 2012

Denunciado veterinario por operar gratuitamente

Tomado de TV Animalista.com

Nacho Mérida, colaborador habitual de Portal Veterinaria Argos, ha sido reciente- mente denunciado por el Colegio de Veterinarios de Cantabria por llevar a cabo una campaña gratuita de esterilización de gatos callejeros en colaboración con una protectora. La denuncia ha sido sobreseída y el autor se explica en esta carta abierta.

¿Alguien se imagina que un país tras una catástrofe natural, denuncie a los médicos que vienen con las ONG por realizar su labor gratuitamente?

Vamos a realizar un ejercicio de imaginación. Un veterinario quiere llevar a cabo una buena labor social y para ello decide, en su tiempo libre y con dinero de su bolsillo, realizar una campaña de esterilización de gatos callejeros para evitar la proliferación de colonias y el aumento incontrolado de su número. Tras muchos años trabajando, hay veces que nos gusta recordar por qué nos convertimos en veterinarios y por esto nos gusta hacer cosas que solo nosotros podemos llevar a cabo y que mejoran la calidad de vida de los animales y nuestras ciudades.

En este ejercicio de imaginación, el veterinario en cuestión, se reúne con una asociación de amigos de los gatos y les explica su plan. Les dice que necesitan capturar los gatos y tenerlos en ayunas la noche de antes. Además les recuerda que esos gatos serán callejeros, no tendrán dueño y por tanto, nunca visitarán un veterinario. En contraprestación, para financiar parte de los gastos, les pide una donación más o menos equivalente al precio del material (más bien menos que más). Este mismo veterinario, pide prestado un quirófano para llevar a cabo las cirugías y paga por los gastos que acarrea de su propio bolsillo.

El día acordado (un domingo de su tiempo libre), en una mañana se esterilizan, con la ayuda de un veterinario colegiado de la región, 20 gatos y gatas. Ninguno de ellos tenía un microchip identificativo, algo obligatorio en la región, lo que significaba que nunca habían visitado un veterinario, ya que si hubiera sido así, la obligación moral y legal del veterinario debería haber sido identificar y vacunar estos animales. Esos 20 animales son marcados con un corte en la oreja en forma de triángulo. Este sistema se utiliza en campañas similares en todo el mundo. El veterinario se va a su casa cansado, pero contento por la labor realizada. Es muy probable, que muchos gatines, destinados a una muerte segura, no sean ni siquiera concebidos; que la ciudad no parezca del tercer mundo con colonias de gatos en edificios abandonados; se evitarán peleas por el territorio y noches en vela por las llamadas de las hembras. Hoy ha cumplido fielmente con el juramento de la profesión: “…usar mis conocimientos y habilidad para el beneficio de la sociedad, protegiendo la salud de los animales, aliviando el sufrimiento de los mismos,(…) contribuyendo a mejorar la salud pública, propiciando la defensa (…) del medio ambiente, con mi apoyo al progreso de las Ciencias Médicas Veterinarias”.

Sin embargo, alguien no opina de la misma manera: el veterinario recibe un toque de atención por parte del Colegio Veterinario regional. A alguien no le ha gustado que la iniciativa se llevara a cabo. El veterinario se encuentra sorprendido, después de dedicar sus conocimientos, su tiempo libre y su dinero, alguien le acusa de algo. Como tiene la conciencia tranquila, manda una carta explicativa al colegio, con sus motivos y los hechos exactos. Además ofrece colaborar con cualquier veterinario que quiera llevar a cabo la misma iniciativa.

El veterinario, frustrado y cabizbajo, da por terminada la polémica y se plantea que clase de profesionales trabajan en su región. Profesionales que piensan que los gatos callejeros les van a sacar de la crisis… ¿o existe algo que se está perdiendo? Decide retrasar la repetición del evento hasta que se calmen las aguas.

Sin embargo, las aguas no se calman, sino que se crispan aún más. Recibe una citación del juzgado. Ha sido acusado de intrusismo profesional y se enfrenta a dos años de cárcel. Lo que parecía ser una ventaja, no tener una clínica y no ser la competencia de nadie, se vuelve en su contra. La definición de intrusismo profesional según el código penal se establece en dos artículos y es la siguiente:

“La atribución de cualidad profesional amparada en título académico, sin poseerla, sin ejercer actos de esa profesión, que se tipifica como falta del artículo 637” “El ejercicio de actos propios de una profesión sin poseer el correspondiente título oficial, que constituye el tipo atenuado o privilegiado del delito de intrusismo regulado en el artículo 403”

El veterinario se encuentra totalmente confundido por la acusación, puesto que tiene un título acreditativo desde hace más de 10 años, habiendo ejercido en varios países con él. Sin embargo, en su propia casa, ¿no se lo reconocen? El veterinario se encuentra deprimido y confundido… Seguro que se está perdiendo algo. Que ha habido un error. Si en lugar de gatos, hubieran sido palomas, topillos de campo o “gamusinos”, ¿se hubiera armado tanto revuelo? A fin de cuentas, algunos veterinarios de la región realizan labores similares, esterilizando de manera gratuita gatos y gatas que luego se dan en adopción. 

¿No es una de las obligaciones de los veterinarios educar a los dueños de mascotas? Qué mejor manera de hacerlo que demostrar con acciones altruistas la importancia de la esterilización preventiva. Quizás de esta manera se podría llegar a índices de esterilización del 80% como en el resto de los países de nuestro entorno. De esta manera seguro que se reduce el número de animales abandonados por camadas no deseadas o de gatos en nuestras calles, con el riesgo para la salud que eso implica. Esto implicaría un menor número de animales en los centros de acogida, con el coste que esto acarrea. Esto, ¿no es algo bueno para el bienestar animal?, se pregunta el veterinario en su ignorancia.

Epílogo 

El Juzgado de Instrucción Nº 4 de Cantabria ha sobreseído la demanda presentada por el Colegio Oficial de Veterinarios de esa comunidad autónoma contra Ignacio Mérida Isla por organizar una campaña de esterilización de gatos callejeros en Santander.

La demanda, promovida por la Asociación Cántabra de Veterinarios de Pequeños Animales (ACANVEPA), utilizaba como principal prueba la carta en la que el mismo Ignacio Mérida explicaba el procedimiento y los principios de este tipo de iniciativas. El Colegio, ignorando cualquier tipo de reconciliación, no solo intentó llevar a prisión al organizador (pedía dos años de cárcel), sino que intentó amedrentar a la clínica que cedió su local altruistamente, intentando revocar su estatus como centro veterinario.

 votar

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